"Le Monde", l'opinió d'Àngeles Ribes

Le Monde es un periódico francés que, desde hace unas semanas, cuenta con un nuevo lector: el alcalde de Lleida. Lo cierto es que las preferencias mediáticas de nuestro Paer en Cap no deberían importarnos lo más mínimo. Somos libres de leer aquello que nos plazca. Siempre y cuando nos lo paguemos de nuestro propio bolsillo.  


Cosa que no ha hecho el alcalde. La suscripción a este periódico sale del presupuesto de alcaldía. Somos los vecinos de Lleida quienes pagamos esta suscripción. ¿Y con qué motivo? ¿Se publican soluciones sobre cómo afrontar una campaña de temporeros o explican cómo luchar contra el coronavirus? 


Nos tememos que no. Que nuestro querido Paer en Cap se ha suscrito a Le Monde por capricho personal. Un capricho que podía tener siempre y cuando lo pagara de su sueldo. Pero que pagamos entre todos. He ahí el problema: una confusión entre el patrimonio público y el privado. ¿Y dónde tienen el límite? ¿Pagaremos también una suscripción a Netflix? ¿Pagaremos una comida familiar? ¿Unos cursos de formación personal? ¿Unas vacaciones?


Esta suscripción es un acto éticamente reprobable, por pequeño que sea. Y una muestra de lo alejado que está este tripartito de la realidad y de los principios que pregonaban, como la desaparición de los gastos superfluos.

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